viernes, 20 de mayo de 2016

Piar a media tarde.

Los rayos de sol iluminaban mis párpados, cerrados, mientras daba vueltas y más vueltas al compás de una canción que yo misma cantaba. Qué rojizo se siente el sol.

Abrazada como estaba a mi acompañante, parecíamos dos seres en otra dimensión que sólo conocen los pájaros cuando vuelan hacia lo más alto. Si la libertad se pudiera atesorar en un frasco, ese instante estaría en uno de cristal, trasparente y lleno de brillos. Como mil diamantes líquidos y suaves. Sería un envase pequeño y precioso.

Ese frasco sería el anhelo de un aventurero en busca de la esencia de la vida, y que cuando lo encuentra, postrado en lo más alto de un altar improvisado y de madera de sándalo, se quita el sombrero y se queda asombrado ante la grandeza de algo tan puro. Y luminoso. Bonito, precioso, elegante. Humilde. Y se pregunta si él mismo es merecedor de algo tan interdimensional.

Estos momentos llenos de despreocupación son los que alimentan el alma, son los que lavan nuestra conciencia. Los que restablecen la fe en el mundo.





jueves, 19 de mayo de 2016

Promesa.

Me encontraba absorta, mirando esa espiral grisácea de curvas tan imposibles. Curvas imposibles y fluidas, repletas de matices suaves. Había dejado el cigarrillo en el cenicero, y este sólo se dedicaba a consumirse sólo. Era como un presagio. ''¿El reflejo de la vida?'' Me pregunté hacia mis adentros.

Puedes luchar contra la vida: agarrarte a un clavo ardiente en un acto desesperado del último segundo, cortándote la respiración. Desgarrarte. Quemarte por dentro.
Y puedes arrinconarte en una esquina y llorar. Dejando que la situación te sobrepase e inunde. Ahogarte. Congelarte por dentro.

Te pase lo que te pase. Hagas lo que hagas. Luches o Fracases. Explotes o Congeles. 
Lloros de Alegría o Dolor. No puedes detener el tiempo. No se si llegas a entender hasta que punto la vida es completamente caótica hasta que entiendes esto. La vida personal se encuentra inconexa del paso del tiempo, de la vida en sí. Por esto, a veces tomarse una pausa es peligroso. Tú no sentirás que pasa el tiempo, pero el tiempo pasa. Para todos. Incluso para mí y mi paréntesis eterno.

Me quedo quieta pero el caos no se detiene, y no puedo hacer nada contra él. La vida es puro caos. La vida tiende al caos. Y todo se resume en el caos. Independientemente de lo que hagas. Por eso creo que la vida es como un videojuego muy macabro sin botón de pausa, y todos tenemos un reloj de arena sobre nuestras cabezas que no podemos manipular.

Puestos a nuestra situación, deberíamos escarmentar de nuestros errores y coger ese clavo ardiente. Cualquier cosa es mejor que desaprovechar lo que no tenemos en nuestras manos y nos ha tocado: el tiempo. Agarrar ese maldito reloj y luchar por vivir. En vez de llorar. En vez de la nada,
Cualquier cosa es mejor que la nada, ¿no? Prefiero creer que si que puedo coger ese reloj y poder descansar. Poder soltar un profundo suspiro, de esos que curan el alma, Esto será lo único que me mantenga alejada de esta dejadez constante. Ya basta de tanto vacío.

''Voy a cambiar'' Pensé mientras cogía otra vez ese último y maldito cigarro.

.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Las caras del amor

Te he visto enamorarte más de una vez, lo he visto en tu mirada.
Lo se desde el momento en que me miraste de esa forma: ahí me contaste el secreto de tus ojos, que hablan más que observan.
He visto tu alma romperse en mil pedazos, y también la he visto llena de luz.
Así es como me hiciste cuestionarme la idea del amor: el sentido de su enrevesada existencia.
Todo eso concentrado en tu iris. En tu pupila. En tu ser.
Vi nacer la chispa, y también vi apagarse el fuego posteriormente.
Que efímero fue y cuanto aprendí, de forma intermitente.
También te mire con ojos de enamorada, devolviéndole la complicidad con una sonrisa descarada. Sin embargo, hoy te sigo mirando con amor, pero ya no es el mismo tipo, o la misma clase, o del mismo modo. Algo cambió. Tu cambiaste. Y yo, igual.
Es otro tipo de amor, tal vez los restos, o quizá sea el punto culminante: que me caiga un rayo si un te quiero mío hacia ti es mentira.
Te quiero en mi día a día, dedeo ayudarte y poder buscar en ti el consuelo cuando el día se ponga lluvioso. Te quiero para compartir una cerveza y que me cuentes que tal te va todo. Te quiero en mi vida, al igual que yo en la tuya, pero sin lazos románticos ni rosas al despertar.
Te quiero, porque fundirme en tus brazos es refugio cálido.
Te quiero, amigo.
Se que esto se sale de lo normal, que de un romance nazca la amistad, pero tu ya sabías que yo no entraba en la definición de lo común.
Y, otra vez, que me caiga un rayo si miento.

Lo intentamos, cariño, solo el cielo conoce la veracidad de estas palabras... Pero creo que el destino tenía otro plan en mente.

La amistad es como una mala hierba, puede crecer por todos lados, y sobre cualquier cosa.

domingo, 15 de mayo de 2016

La leña del fuego.

Y de repente la habitación se quedó en silencio, sin contar con los mediocres diálogos de la TV. Pasados unos instantes la luz del televisor iluminó sus labios, que estaban entreabiertos, y su mirada, que estaba fija en mí: cual depredador acechando a su presa.

Mis labios se curvaron en una media sonrisa, que 'pena' que él no supiera que yo era el cazador esta noche.

Que 'pena' que en un movimiento ágil y rápido ya estuviera prisionero de mis piernas. Mis dedos desataban poco a poco los botones de su camisa, mientras en su mirada se observada una febril desesperación.

Reconozco que siempre he encontrado un punto excitante en esas miradas tan impacientes a la par de fogosas.

Él ahí tan sentado y acorralado, cuando se le notaba tan energético. Y yo anudando su cintura en el abrazo de mis piernas, cuando parecía más vulnerable.

Qué fácil resultó dejarle que me desnudara a cambio de sus prendas de ropa, qué fácil resulta disfrutar de algo tan carnal a pesar de no haber sentimientos de por medio.

Era tan mío, y yo era tan poco suya,... Por eso resultaba fácil, dominarle en ese sentido.

El Rayo Que No Cesa


Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Miguel Hernández.

sábado, 14 de mayo de 2016

Pedacitos de alma mía.


... Y quiero ser sin llegar a serlo, y pensar sin reconocer creer en ello.

Y estar en tus brazos una y otra vez. Y morir para que al día siguiente no vuelvas a estar junto a mí. Y mentirme diciéndote que es lo que quiero.

Pero no. No más. Nunca más.

Bueno,… solamente unas tres millones de veces más. Así algún día tal vez no me duela decirte que te quedes, que me siento rota y encender la ilusión de la plenitud en la fortaleza de tus brazos y creer que todo va a salir bien por un instante, aunque al despertar y fundirme en la rutina vuelva a ser todo como antes: la realidad de una alma partida en pedazos.

Y no me queda otra cosa que seguir aumentando la montaña de mentiras mientras me digo a mi misma que esto es normal, que estar rota es la manera de estar completa (que estar rota es la nueva forma de sentirse llena) , o que se puede (es posible) estar completa sólo con un pedacito de alma.


Y mis ojos brillan al mirar la luna. Y ella  me devuelve la mirada. Una mirada intensa y llena de carga, como si susurrara: ‘’soy testigo helado de todo lo que sucede, y juez de todos tus malos actos’’. Como una mirada paternal que lo recrimina todo sin saber el motivo verdadero.

Ojalá todo fuera tan fácil como respirar.

Deambular

Típico que estas imaginándote deambulando en una calle cualquiera, a media tarde. Los rayos del sol acarician tus mejillas pero el verano queda aún muy lejos. Miras el camino: su cemento es de un gris muy tenue, desgastado. Y lo miras, y sientes la presencia de ese millar de gente que ya ha deambulado, tiempo atrás, por el sitio donde hoy, en este mismo instante, posas tus pies. Gente con cientos de historias diferentes, con motivos diversos y opuestos.

Sin embargo, el camino se queda hoy vacío, sólo y desgastado. Y te pones de cuclillas, solo por verlo más de cerca. Tocas el cemento con un dedo, sus grietas,… como si eso tuviera la extraña habilidad de hacerte sentir más cerca del sentimiento desolado, como si ese gesto pudiera curar el paso del tiempo.. Y querrías bañarlo con una lagrima y hacer que su silencio fuera más llevadero. Pero simplemente te quedas mirándolo, sumiso en tus pensamientos, como si en ese momento fueras la persona más apática del mundo si juzgaran tu expresión.

Y miras el suelo otra vez, que blanquecino está ya. ¿Estará mi alma de igual manera que esta carretera?

Me levanto, ¿Cómo un suelo me puede hacer pensar tanto? La respuesta es difusa e incompleta. Me siento como algo viejo, desgastado. Y no puedo evitar ver mi reflejo en aquello donde, a pesar de ser inanimado, el paso del tiempo se convierte en algo tangible.

Hoy me siento como un viejo que se aleja del mundo para dar su último suspiro en silencio, con esa capacidad de rememorar toda una vida en lo que dura un cigarrillo. Lo recuerda todo sin pensar, tal vez solo ‘siente’ lo que fue su vida, y se permite dejar la mente en blanco.

Una calada más.

Una calada menos.

Y llega su fin.

Abro los ojos en el ‘mundo real’. Miro mis manos,… mi habitación. Ya no recorro la metáfora del camino, ahora lo construyo. Se quiebra el primer suspiro… ¿a dónde voy?

La verdad es que pienso demasiado, es a la ultima conclusión a la que llego, y me quedo esos instantes que determinan el llegar tarde o llegar a tiempo mirando el techo, como si quisiera pensar, pero en realidad tengo la mente en blanco: pasan tantas cosas por mi cabeza que todo se convierte en un borrón y luego, luego llega la nada.


El principio que pone punto y final a quedarse inmóvil, y te levantas, y comienzas un nuevo día, y,… y sigues cavilando.