domingo, 15 de mayo de 2016

El Rayo Que No Cesa


Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes,
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Miguel Hernández.

sábado, 14 de mayo de 2016

Pedacitos de alma mía.


... Y quiero ser sin llegar a serlo, y pensar sin reconocer creer en ello.

Y estar en tus brazos una y otra vez. Y morir para que al día siguiente no vuelvas a estar junto a mí. Y mentirme diciéndote que es lo que quiero.

Pero no. No más. Nunca más.

Bueno,… solamente unas tres millones de veces más. Así algún día tal vez no me duela decirte que te quedes, que me siento rota y encender la ilusión de la plenitud en la fortaleza de tus brazos y creer que todo va a salir bien por un instante, aunque al despertar y fundirme en la rutina vuelva a ser todo como antes: la realidad de una alma partida en pedazos.

Y no me queda otra cosa que seguir aumentando la montaña de mentiras mientras me digo a mi misma que esto es normal, que estar rota es la manera de estar completa (que estar rota es la nueva forma de sentirse llena) , o que se puede (es posible) estar completa sólo con un pedacito de alma.


Y mis ojos brillan al mirar la luna. Y ella  me devuelve la mirada. Una mirada intensa y llena de carga, como si susurrara: ‘’soy testigo helado de todo lo que sucede, y juez de todos tus malos actos’’. Como una mirada paternal que lo recrimina todo sin saber el motivo verdadero.

Ojalá todo fuera tan fácil como respirar.

Deambular

Típico que estas imaginándote deambulando en una calle cualquiera, a media tarde. Los rayos del sol acarician tus mejillas pero el verano queda aún muy lejos. Miras el camino: su cemento es de un gris muy tenue, desgastado. Y lo miras, y sientes la presencia de ese millar de gente que ya ha deambulado, tiempo atrás, por el sitio donde hoy, en este mismo instante, posas tus pies. Gente con cientos de historias diferentes, con motivos diversos y opuestos.

Sin embargo, el camino se queda hoy vacío, sólo y desgastado. Y te pones de cuclillas, solo por verlo más de cerca. Tocas el cemento con un dedo, sus grietas,… como si eso tuviera la extraña habilidad de hacerte sentir más cerca del sentimiento desolado, como si ese gesto pudiera curar el paso del tiempo.. Y querrías bañarlo con una lagrima y hacer que su silencio fuera más llevadero. Pero simplemente te quedas mirándolo, sumiso en tus pensamientos, como si en ese momento fueras la persona más apática del mundo si juzgaran tu expresión.

Y miras el suelo otra vez, que blanquecino está ya. ¿Estará mi alma de igual manera que esta carretera?

Me levanto, ¿Cómo un suelo me puede hacer pensar tanto? La respuesta es difusa e incompleta. Me siento como algo viejo, desgastado. Y no puedo evitar ver mi reflejo en aquello donde, a pesar de ser inanimado, el paso del tiempo se convierte en algo tangible.

Hoy me siento como un viejo que se aleja del mundo para dar su último suspiro en silencio, con esa capacidad de rememorar toda una vida en lo que dura un cigarrillo. Lo recuerda todo sin pensar, tal vez solo ‘siente’ lo que fue su vida, y se permite dejar la mente en blanco.

Una calada más.

Una calada menos.

Y llega su fin.

Abro los ojos en el ‘mundo real’. Miro mis manos,… mi habitación. Ya no recorro la metáfora del camino, ahora lo construyo. Se quiebra el primer suspiro… ¿a dónde voy?

La verdad es que pienso demasiado, es a la ultima conclusión a la que llego, y me quedo esos instantes que determinan el llegar tarde o llegar a tiempo mirando el techo, como si quisiera pensar, pero en realidad tengo la mente en blanco: pasan tantas cosas por mi cabeza que todo se convierte en un borrón y luego, luego llega la nada.


El principio que pone punto y final a quedarse inmóvil, y te levantas, y comienzas un nuevo día, y,… y sigues cavilando.

viernes, 13 de mayo de 2016

Nos encontraremos,.. ¿Verdad?

Y de pronto me encontré extrañándote, añorándote en silencio como si de una condena se tratara.

Y de hecho, lo es. Esto si que es una condena.

El silencio de tus labios, la ausencia de tu mirada... Y por encima de todos tus detalles físicos, que pueden ser cambiantes y perecer, el sentido especial que cobraba el "nosotros". Contigo ya no estaba -o me sentía- tan sola en el mundo.

Nunca he sido una persona muy independiente, pero aprendí a serlo y lo más importante, a ser feliz con ello. De hecho no me desagrada... La mayor parte del tiempo.

Pero llega la noche y cae la muralla, y los sentimientos de soledad se apoderan de todo lo que encuentran y lo envuelven en una fina capa de humo denso, trasparente y viscoso. Y negro.

Y así es como quedo apartada del universo. Es demasiada soledad para una sola persona, y añoro la esperanza de tu abrazo.

Me pregunto cuando me llegará la hora, de morir o de enamorarme -otra vez, pero de forma certera-, o de ambas a la vez.

Porque en cierta manera enamorarse es morir. O mejor dicho: renacer.

"Yo no se vivir sin amor, yo vivo amando, algo incierto y desesperado"

Ya no quiero seguir sacando fuerzas, solo quiero fundirme en un abrazo. Quiero salir un día a la calle y enamorarme, y saber que esa persona será el/la acompañante fiel de mi vida. Nuestra vida.

Estés donde estés, y aunque mis esperanzas flaquean, te encontraré, o me encontrarás.

Algún día llenarás el vacío que intento atestar con malos vicios y costumbres.

Pero hasta ese día voy a seguir sobreviviendo a mi manera, porque en parte, eso me hace feliz. Me hará feliz hasta que te encuentre. O me encuentres.

O nos encontremos.

jueves, 12 de mayo de 2016

El sinsentido de hoy

Juguemos a un juego: hablemos a través de terceros.

Supongamos: imagina que te hablo de una mujer que conozco, cuya identidad no será descifrada al acabar esta noche ni ninguna otra.

Quizá tú pienses que te hablo de algo que me avergüenza y yo jugaré la baza del anonimato: quizás sean meras cavilaciones que como objetivo tienen únicamente la finalidad de pensar, de pensar por el noble arte de descifrar enigmas. O quizá no. O que carajos, quizá realmente sea eso.

Ya te dije que quería jugar a un juego.

Dijera la locura que te dijera, ¿creerías que hablo sobre mi persona? En un intento, claro está, de obtener cierta información -o incluso tu propia opinión-de ti sin que tú supieras lo que quiero yo saber. Es decir, que intente adivinarlo, en el hipotético caso de que deseara adivinar, por medio de palabras y situaciones que puedan parecer similares, pero que al mismo tiempo despierten en ti la duda de si has llegado a esta conclusión lógicamente y es certera, o si, por el contrario, tus pensamientos son solo mera especulación sin base y has caído en el error.

Negociamos en palabras claras, "intentemos no dar muchos rodeos".

Hemos venido a jugar.

Hoy preguntas tu primero, ¿o seré yo? Como la famosa pregunta de la pastilla azul o la roja. ¿Serás el policia o el ladrón de este juego mental?

miércoles, 11 de mayo de 2016

Cuando la leche se pone mala.

Sabes de eso que dices "Y que le den", y te quedas así de a gustito. A esa línea de pensamientos le siguen cosas como "él sabrá", "es un puto inútil", y mi preferida "a él le va a salir más caro que a mi".

Pues todas esas frases en este momento no siento que vayan acorde con el singular, en esta ocasión me decanto por el plural, así englobo a todo el mundo en vez de a uno o a unos pocos.

Hoy no tengo paciencia ni comprensión. Los pocos que me puedan aguantar así que me acompañen a por pizza y cerveza, que la vida es un poco jodida y viene bien quejarse una miaja.

Sola o con buena compañía, todo sea por el noble arte de cagarse en la puta.

El olvido son los padres.

Estaba deambulando, entre millones de personas: altos, bajos, guapos, mediocres, morenos, blancos,... Y en ellos solo era capaz de ver tus ojos, tus labios, tu cabello alocado, tus andares despreocupados, tú.
Me di cuenta de que, a pesar de tanto tiempo alejados el uno del otro, por muchos puntos suspensivos y finales que puesiéramos te seguía buscando al girar en cada esquina: tú y tu viejo coche esperándome para emprender uno de nuestros viajes locos.
Nunca llegue a comprender porque siempre huíamos de los lugares que nos eran habituales o familiares hasta hoy: no estamos ni estábamos hechos para la rutina de nuestro día a día, no encajábamos. Solo podíamos ser nosotros en lugares desconocidos. Rodeados de gente de la cual no teníamos ni puta idea de su existencia, ni nos importaba.
Así si, así si que estábamos hechos a la perfección el uno para el otro.
Por eso hoy, mientras deambulaba por las calles de una ciudad que no había visitado en mi vida te buscaba. Inconscientemente, tal vez.
Estoy segura de que algún día nos volveremos a encontrar en cualquier lugar alejado de la mano de dios, y entonces entornaré los ojos y me diré a mi misma "el mundo es un pañuelo"
Pero por supuesto, esa historia quedaría grabada en los muros de esa ciudad para no salir nunca de allí. Prisionera del secreto.
"Hasta la próxima" o "hasta nunca", así me despediría.