Me encantaría escribirte en una oda, reflejarte en un lienzo, musicalizar tu voz en una sinfonía, que sea la primera y la última.
Recordarte cada vez que estoy triste,
cada vez que estoy alegre.
Incluso cuando estoy neutral o en punto muerto.
Tenerte sin llegar a poseer nada de ti.
Quererte sin olvidarme ni un momento de mi.
Algo atípico en esta sociedad: algo que sea sano.
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