Tengo el alma rota, el corazón roto, los pensamientos rotos, el cuerpo roto.
Rota la vida.
La mente en una pausa inexistente que se repite en bucles, en espirales de palabras que a veces no se unen las unas con las otras: que no tienen sentido, que carecen de nexo logico. Y a la vez tienen tanta razón, tanto peso, que me arrastran, y yo araño las parades, los cristales, el agua, el viento, tu aliento, pero sigo cayendo hacia abajo: hacia las profundidades, la negrura, las tinieblas, las noches que se disipan perdidas en el tiempo. ¿Alguien las encuentra? Yo no. Perdí la cuenta y la pista.
Segundos, minutos, horas,... ¿Qué más dará? Es lo mismo: como un plano donde el tiempo no es más que un mero número que nadie mira, al que nadie le da importancia. Un número que todos detestan, que todos temen.
Y yo solo pienso y pienso, mientras me ahogo, quemo, congelo, muero, vivo. Mientras existo. Mientras pueda seguir respirando la lluvia, el sol, las nubes, el viento, la vida y la muerte.
Y siento que ya no queda nada: la desolación florece, la ausencia vive.
Y en ti, en ti veo el mismo dolor que inunda el iris de mis ojos, las comisuras de mis labios e incluso mis gestos. Y muero, muero una vez más, porque por primera vez siento cuán real puede llegar a ser el dolor, y como se ve una persona envuelta por sus propias tinieblas.
Que desagradable ver tu alma rota, tu corazón roto, tus pensamientos rotos, tu cuerpo roto.
Rota la vida.
Te veo y me veo en tu desconsuelo, en tu tortura, en tus monólogos internos, y me pregunto si tu eres capaz de ver lo mismo en mi, si el mundo es capaz de verlo como yo lo veo. Si es tan fácil como parece esconder el pesar y el daño, o si solo nos engañamos para creernos más fuertes, para creernos bajo control. Para creernos la mentira que contamos al resto y escondernos en nuestra propia rotura. Para alejarnos del mundo.
La inspiración se escapa, la vida se acaba. Lo único que queda es correr por por si así me alcanza.
viernes, 24 de junio de 2016
Rota la Vida.
miércoles, 22 de junio de 2016
Lucha en Silencio
Recuerdo las caricias de seda, los amaneceres de unos pies entrelazados, las risas acompañadas por un café que marcaba el contraste amargo. Y por un instante vuelvo a revivir el momento en el recuerdo, en esa cajita que rompe cadenas espaciotemporales, en ese lugar donde seguimos vivos. Cierro los ojos e incluso puedo sentir el sabor de unos labios ausentes, el tacto de unos cabellos desaparecidos, el olor extraviado, el amor evaporado. Mis respiraciones marcan gritos desolados, gritos que nadie oye, gritos en silencio.
Siempre quise volver a ese lugar, recuerdo sueños de antaño donde junto a ti, el mundo era mio. Nuestro. Y no había miedo, ni negrura, ni guerras y luchas. Solo unas sintonías musicales que envolvían cada lugar que descubriamos. Y cada vez que me quedaba pensativa, unos brazos me rodeaban y unos labios se fundian en los míos hasta que el blanco fuera el único color sembrado delicadamente en mi mente: Que ágil manera tenías de hacerme olvidar, y que talento para colmarme de vida.
Y me vuelves a abrir las puertas, y yo las cierro de un portazo, un portazo que desgarra el alma, que marca el fin. Y me quedo pequeña tras la puerta, agarrandome las piernas como si así pudiera recuperar el aire que se escapa,... Y deslizo mi mano suavemente por la madera, como si pudiera llenar el vacío de mis dedos al no hallar su piel. Y baño sus grietas con una lágrima, cicatrices que me recuerdan al corazón roto que llevo por bandera... Y me preguntas: "¿Sigues ahí? Ábreme, por favor... Te sigo soñando"
El anhelo se derrite buscando inundar un mar donde a la tercera va la vencida, la tragedia convertida en una dulce alternativa. Pero hoy no. Ya no. Ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Y tiro la llave, y la casa, y el mundo en el que vives: "Ya no existes para mí"
lunes, 13 de junio de 2016
Fallo Eléctrico y Descarga.
Esto llega a ser incluso estúpido: ¿Por qué sonrío tanto? Me pones enferma. Me pones feliz de una manera muy anormal, muy de cociente intelectual cero. No sé si habréis visto ese capítulo de Los Simpson donde Lisa intenta deshacerse de todos sus hobbies y cosas por miedo a que ello represente su ''Homer'', la cosa que la descarrile de su vida, que nuble el objetivo principal a la cual ella aspira.
En fin, todos tenemos nuestro ''Homer'', y yo odio el mío: estaría mil veces mejor sin él. Sería mil veces más auténtica, más yo, si él andara fuera de un radio de 100.000 kilómetros de mi burbuja vital. Y no seria tan feliz, pero si estaría más tranquila, con un enfoque más Carpe Diem hacia la vida. Porque no es que me hagas daño, ni llenes mi aurora de colores apagados y difusos, simplemente me alteras, y me molesta. No por miedo, ni siquiera por orgullo: porque me conozco. Y sobre todo porque te conozco. Y paso de esa historia: Fuera de aquí, fuera de mí.
No eres para nada a un enigma, ni te pareces a un puzzle que haya que completar: eres un libro con el spoiler en la portada, y la verdad es que el final es bastante soso. Yo me canso de ti y tú no vuelves a llamar, porque somos así, volamos demasiado alto para coexistir con alguien más, porque somos exactamente dos gotas de agua: iguales, brillantes,... pero que van por carriles distintos, y juntarnos sólo hace que caigamos estrepitosamente y de bruces contra el asfalto, fascinando al crío del asiento trasero del coche que juega a las carreras con los llantos del cielo.
De verdad, no sé que pretendes, porque este final lo hemos vivido las miles de veces que hemos querido, y no se cómo no estas cansado ya, al igual que te cansas de esa canción que te vuelve loco al principio. Pero a la centésima vez, ya como que no, ¿No?
miércoles, 8 de junio de 2016
Minuto Cero.
¿Cómo consigue la gente escribir sobre el vacío? Confesad vuestro secreto, porque yo sólo siento eso: vacío. Y en el vacío no hay nada. No hay palabras. No hay melodías... Bueno: hay oscuridad, melancolía, a veces rabia, otras pesadumbre. También parece que en el vacío siempre es de noche: la luz se apaga, se ausenta, tal vez huye.
El vacío sabe amargo, se siente helado, y el tiempo se sumerge en la arriesgada ilusión de la inexistencia. Pero, exactamente, ¿qué hay en el vacío? Está la nada. Y la nada asusta: más que el fuego, más que la tormenta. Más que el destello de un cuchillo en un callejón oscuro. Más que la sonrisa macabra del banquero. Asusta tanto como el resplandor de tus ojos cuando miran al cielo y se preguntan un continuo por qué en un diálogo que sólo conduce allí: a la nada. El pez que se muerde la cola.
Pensaba que esto era el fin, y sólo es el principio. Una broma tántrica de la vida, una ilusión fúnebre que empaña el sol: cada día, a cada hora.
Y aún sigo sin entender qué coño es el vacío. El vacío real. El abstracto. El que sientes, el que dejas de sentir. El que te acuna por las noches. El que se despide de ti pero nunca se va, pero que nunca vuelve: porque siempre está.
''Fuera de aquí'', grito. Pero nadie lo escucha, aunque todos lo oyen: porque están en el vacío, pero en el vacío no hay nada, no hay respuestas, y tampoco puedes contradecir ni afirmar. Ni respirar. Ni vivir, pero puedes existir.
Y en la nada te quedas quieto: el tiempo pasa y eres incapaz de reaccionar. El Sol sale, y no eres competente para dar un paso que te aleje de las sombras. En la nada eres un completo inútil que piensa y piensa construyendo murallas alrededor de uno mismo. Dando vueltas y más vueltas.
En el vacío puedes existir, pero de forma pasajera: aunque eso signifique siempre. Y sigo sin entender qué coño es el vacío, porque en el vacío no hay respuestas.